
Si bien este es la única posibilidad para abrir las puertas de la obra social, y que ella se haga cargo económicamente de las necesidades especiales, y los tratamientos que un niño requiere, como futuras profesionales, nos llama a la reflexión y a preguntarnos, sobre las consecuencias emocionales y psíquicas que este certificado puede ocasionar en estos pequeños, ya que en la mayoría de los casos se encuentran encapsulados, encerrados frente a esta etiqueta, que este les adhiere.
Nombrar la discapacidad, no significa nunca nominar a un niño, ya que es nombre propio lo que lo designa como un sujeto y lo ubica socialmente. De este modo crea su identidad, su singularidad al mismo tiempo que se identifica con su nombre, que un otro deseo para él.
Cuando se adosa el nombre del niño, a la discapacidad que esté presente, se corre el riesgo de sustituir su nombre propio, por el nombre de la discapacidad, y con esto nos encontramos con denominaciones como “no se trata de Florencia o de Juancito, sino de él que tiene síndrome de Down, o es un lesionado cerebral”.
Por lo que el problema ocurre cuando la discapacidad crea una identidad fija, sin plasticidad que bloquea la subjetividad a tal punto que puede impedir el derecho de todo niño de indagar ¿QUIEN ES?, pues este derecho se completa con el termino discapacidad.
Así si el niño ocupa la posición del certificado, o sea, que el mismo se transforme en cédula de identidad, corre el riesgo siempre latente de ser paralitico, de ser un TGD, un down, un deficiente. Y en esta situación no solo no tiene un nombre donde reconocerse, sino que quedará fijada en esta posición, por lo que obstaculizará su camino de apertura a todas aquellas potencialidades, y actividades que pueda realizar más allá de su discapacidad. Por lo que si este niño ocupa la posición de sujeto y no de objeto de un certificado, la experiencia será diferente en cuanto a la relación con los otros, aquellos con los cuales comparte y crea el nos-otros, único espacio posible donde el universo infantil, crea su propia historicidad, la cual no será nunca la de su discapacidad y mucho menos la de un certificado.
Como futuras profesionales, es muy importante que tengamos en cuenta, como nos posicionamos frente a un niño que posee cierta discapacidad, ya que nosotros funcionamos como un espejo donde este niño se mira, por lo que si nuestra mirada va estar dirigida sobre lo que eso chico no puede o carece, quedará estigmatizado frente a nosotros. En cambio si por lo contrario, lo miramos desde la subjetividad de ese niño, que tiene un nombre, una historia, le estaremos abriendo un camino para que él pueda desarrollarse y crecer en un ambiente sano, que le permita desplegar todas sus potencialidades y relacionarse con los otros. Con el único fin de que este se SIENTA PARTE, erradicando la exclusión, y la discriminación que el certificado de discapacidad muchas veces esconde.
Bibliografia:
Revista “el cisne”, discapacidad-educación-rehabilitación, Febrero año 2011.
Conferencia de la Lic. Norma Filidoro, “inclusión/exclusión escolar de niños con problemas en el desarrollo. Efectos en la subjetividad” en revista Psignos, año 2008.
Coriat, Elsa. “Cuando el desarrollo infantil, se encuentra con problemas”, en revista Pertenecer Ser, CIFAP, n°11.
Autoras: Cintia, María, Paula, Romina.